SOMBRAS DE MIS
MAYORES
“Sombras de mis mayores” es un
canto de tradición yoruba que invoca al Dios Changó por la suerte de sus hijos
nacidos en el nuevo mundo de América. Éste ha sido tomado de Cuatro
Autores Mitos, Cuentos y Leyendas ASIA ÁFRICA EUROPA AMERICA, cooperativa
editorial Magisterio, 1988; extraído a su vez de la novela Changó, el gran putas de Manuel Zapata Olivella. Disfrútenlo tanto
como yo al leerlo la primera vez. Hemos nacido hermanados del mundo africano,
europeo y americano; por nuestra alma, incluso sin notarlo, navega la historia
de un continente, sus voces y ritmos. Mi corazón, y tal vez el tuyo, amigo
latinoamericano, es un crisol del mundo.
Ancestros
sombras de mis mayores
sombras que tenéis la
suerte de conversar con los Orichas
acompañadme con vuestras
voces tambores,
quiero dar vida a mis
palabras.
Acercaos huellas
sin pisadas
fuego sin leña
alimento de los vivos
necesito vuestra llama
para cantar el exilio
del Muntu
todavía dormido en el
sueño de la semilla.
Necesito vuestra alegría
vuestro canto
vuestra danza
vuestra inspiración
vuestro llanto.
Vengan todos esta noche.
¡Acérquense!
La lluvia no los moje
ni los perros ladren
ni los niños teman.
¡Traigan la gracia que
avive mi canto!
Sequen el llanto de
nuestras mujeres de sus maridos apartadas,
huérfanas de sus hijos.
Que mi canto
eco de vuestra voz
ayude a la siembra del
grano
para que el nuevo Muntu
americano
renazca del dolor
sepa reír en la angustia
tornar en fuego las
cenizas
en chispa-sol las
cadenas de Changó.
¡Eia! ¿Estáis
todos aquí?
Que no falte ningún
Ancestro
en la hora de la gran
iniciación
para consagrar a Nagó
el escogido navegante
capitán en el exilio
de los condenados de
Changó.
Hoy es el día de la
partida
cuando la huella no
olvidada
se posa en el polvo del
mañana.
Escuchemos la voz de los
sabios
la voluntad de los
Orichas cabalgando
el cuerpo de sus
caballos.
Hoy enterramos el mijo
la semilla sagrada
en el ombligo de la
madre África
para que muera
se pudra en su seno
y renazca en la sangre
de América.
Madre Tierra ofrece al nuevo Muntu
tus islas dispersas,
las acogedoras caderas
de tus costas.
Bríndale las altas
montañas,
las mesetas,
el duro espinazo de tus
espaldas.
Y para que se nutra en tus savias
el hijo nacido en tus
valles
los anchos ríos
entrégale
derramadas sangres


