sábado, septiembre 10, 2011

SOMBRAS DE MIS MAYORES

“Sombras de mis mayores” es un canto de tradición yoruba que invoca al Dios Changó por la suerte de sus hijos nacidos en el nuevo mundo de América. Éste ha sido  tomado de Cuatro Autores Mitos, Cuentos y Leyendas ASIA ÁFRICA EUROPA AMERICA, cooperativa editorial Magisterio, 1988; extraído a su vez de la novela Changó, el gran putas de Manuel Zapata Olivella. Disfrútenlo tanto como yo al leerlo la primera vez. Hemos nacido hermanados del mundo africano, europeo y americano; por nuestra alma, incluso sin notarlo, navega la historia de un continente, sus voces y ritmos. Mi corazón, y tal vez el tuyo, amigo latinoamericano, es un crisol del mundo.



               Ancestros
sombras de mis mayores
sombras que tenéis la suerte de conversar con los Orichas
acompañadme con vuestras voces tambores,
quiero dar vida a mis palabras.
           
Acercaos huellas sin pisadas
fuego sin leña
alimento de los vivos
necesito vuestra llama
para cantar el exilio del Muntu
todavía dormido en el sueño de la semilla.
           
            Necesito vuestra alegría
vuestro canto
vuestra danza
vuestra inspiración
vuestro llanto.
           
            Vengan todos esta noche.
¡Acérquense!
La lluvia no los moje
ni los perros ladren
ni los niños teman.
¡Traigan la gracia que avive mi canto!
Sequen el llanto de nuestras mujeres de sus maridos apartadas,
huérfanas de sus hijos.

            Que mi canto
eco de vuestra voz
ayude a la siembra del grano
para que el nuevo Muntu americano
renazca del dolor
sepa reír en la angustia
tornar en fuego las cenizas
en chispa-sol las cadenas de Changó.

            ¡Eia!    ¿Estáis todos aquí?
Que no falte ningún Ancestro
en la hora de la gran iniciación
para consagrar a Nagó
el escogido navegante
capitán en el exilio
de los condenados de Changó.
Hoy es el día de la partida
cuando la huella no olvidada
se posa en el polvo del mañana.
Escuchemos la voz de los sabios
la voluntad de los Orichas cabalgando
el cuerpo de sus caballos.

            Hoy enterramos el mijo
la semilla sagrada
en el ombligo de la madre África
para que muera
se pudra en su seno
y renazca en la sangre de América.

            Madre Tierra ofrece al nuevo Muntu
tus islas dispersas,
las acogedoras caderas de tus costas.
Bríndale las altas montañas,
las mesetas,
el duro espinazo de tus espaldas.

            Y para que se nutra en tus savias
el hijo nacido en tus valles
los anchos ríos entrégale
derramadas sangres
que se vierten en tus mares.





viernes, septiembre 02, 2011


365 DÍAS PARA RENACER

3… 2… 1….  Luego, fuegos multicolores ardieron en todo el planeta; los gritos de júbilo se mezclaron con la música de las casas, las plazas y las calles; la bebida y la comida brotaron como espuma de todos los rincones. Los abrazos, hacia todas direcciones. En un segundo, millones de voces de alegría festejaron en coro lo que algunos llaman happy new year, bonne nouvelle année, felice anno nuovo o glückliches neues Jahr. Que no es lo mismo pero es igual: en últimas así celebramos ese final-inicio que fue, ante todo, simbólico.

Un extraterrestre se hubiera divertido toneladas viendo cómo en tantos puntos de la Tierra las personas se aglomeraron en un día preciso, para cantar y emborracharse. Él no entendería. Quizás sólo habría visto girar a nuestro planeta una vez más sobre su eje y terminar otro ciclo alrededor del sol. Si este personaje hubiera descendido, tal vez habría observado que en ese día tan festivo las constelaciones no cambiaron mucho de lugar en el cielo, y que la luna se ocultó y resurgió como de costumbre. Y si este alienígena hubiera investigado un poco, habría hallado que para muchos el 31 de diciembre es el fin del año —en calendario gregoriano—; pero que para los tailandeses y camboyanos eso no ocurre sino en el 14 de abril. Que el año nuevo inca, el Inti Raymi (aún celebrado en nuestra ciudad y continente) sucede el 22 de junio; y que para los chinos y musulmanes, que operan con calendario lunar, el fin de año es entre enero y febrero para los primeros, y que los segundos ya lo habrían celebrado el 7 de diciembre.

En tanto símbolo, ese inicio de año debería infundirnos la fuerza para comenzar, con él, un nuevo ciclo en nuestra vida. Así como los meses nacen nuevamente, nosotros también podemos renacer y sentirnos frescos como el correr del viento al abrir la ventana. Es un buen momento para sacudir las sábanas de nuestra existencia y limpiarlas de polvo; una ocasión para zanjar deudas con el lado feo de nuestro carácter, para transformar nuestra cotidianidad con pequeñas grandes obras, para prometernos una vida nueva sin tener que morir.

Me preguntarán por qué escribo sobre el Fin de Año a comienzos de septiembre. Esto resultaría un tanto absurdo si no fuera por el hecho de que nada impide que ese espíritu de cambio, que tanto nos prometemos en esas fechas, se transmita a todos los momentos del calendario. Así, por mucho que se aleje el 31 de diciembre, es realmente valioso creer que incluso el despertar de cada día puede obtener el valor de un nuevo inicio, si tenemos la voluntad dispuesta para ello. Cualquier momento puede volverse un renacimiento, ya sea bajo la forma del final de una semana o de inicio de un nuevo noviazgo. A partir de un acto desinteresado hacia un desconocido o por lo impresionante de un torrencial aguacero. Y hasta lo más triste y desolador: la muerte, la soledad, las heridas, podía ser un punto de arranque, un trampolín en nuestra existencia, si tenemos el coraje para vivirlo.




DESEOS CREATIVOS

-Todos entran queriendo revolucionar el arte… luego, en quinto semestre se dan cuenta de que no lo harán y que les tocó ser licenciados. Ahí es cuando se retiran.- Así hablaba recientemente una amiga sobre los estudiantes de artes de su universidad. Un poco fatalista, pero esta anécdota escondería una actitud que vale la pena analizar.

¿Qué sucede en la cabeza de estos primíparos al entrar a la U? ¿Por qué sus deseos creativos se van refrenando al contacto del sistema educativo? ¿Será que los profes de veras le cortan a uno por completo las alas? Tal vez sí, tal vez no. Yo creería, sin embargo, que una razón es la apertura de nuestros horizontes de conocimiento. A muchos nos ha sucedido que nos acostumbramos a las alabanzas de nuestros pequeños círculos sociales, por nuestro “gran talento y conocimiento”.  Luego entramos a la universidad y ahí todo se complica. Porque queriéndolo o no, nos damos de frente con una dimensión del Arte mucho más amplia: miles de técnicas, grandes maestros, centenares de corrientes y estilos. Entonces  vamos comprendiendo, angustiados, que quizás nuestras ideas no son tan grandes, que no son tan originales y que ni son tan ideas.

Pero pasar de ese choque, en mi opinión perfectamente normal, a la idea determinista de que nuestras propuestas, talento y esfuerzo son insignificantes, porque “en el arte ya todo fue inventado”, es una pésima conclusión.

Botticelli, Magritte y Man Ray se parecen, con todo y sus 5 siglos de diferencia. Cuando observamos a estos artistas del Renacimiento y del surrealismo respectivamente, uno reconoce su “genialidad”; pero también su momento histórico, sus condiciones sociales y el ambiente en que se formaron. Y además, que si bien algunos nacieron con aptitudes para ejercer sus oficios con excelencia, ninguno se dejó caer en las tumbas de la gloria, ni dejó de esforzarse día tras día. Yo me pregunto de qué sirve un inmenso talento innato sin un medio adecuado que lo encauce y potencie. ¿De qué sirve una excelente pintura pero estancada en su pote; un pincel perezosamente alejado de la tela, y un pintor engreído y adormilado? Siento que sólo el talento no basta, que como dicen: “hay que leer”. Y camellar, camellar mucho diariamente.

La desilusión de los primíparos no me es ajena, la entiendo muy bien. Estudiando los grandes fenómenos del arte, uno creería que no hay ninguna novedad en lo propio, que no vale la pena insistir… ¡Por favor, pensemos mejor! La Historia nos ha demostrado cómo los buenos artistas han florecido con el tiempo, el estudio, las buenas compañías y la práctica. En serio, ¿qué nos impide a nosotros serlo? ¿Tan poca confianza tenemos en nosotros mismos?

Como principiantes en general pecamos mucho por inexperiencia. En 5 semestres, ¡tan sólo 5 semestres!, sería absolutamente arrogante tomarse por el non plus ultra del arte, la vanguardia encarnada. Aún falta recorrido, conocer los modelos de maestría, forjarnos una identidad (y no sólo hablo de la artística). Aún falta salir del cascarón. Pero tampoco va para nada bien dar por sentado en ese mismo tiempo, que nuestra potencialidad está marchita o que nuestra creatividad es un cero a la izquierda. Es una cuestión de creer. Porque yo, así como vos, creo de crear y creo de creer.