DESEOS
CREATIVOS
-Todos entran queriendo revolucionar
el arte… luego, en quinto semestre se dan cuenta de que no lo harán y que les
tocó ser licenciados. Ahí es cuando se retiran.- Así hablaba recientemente una amiga sobre los
estudiantes de artes de su universidad. Un poco fatalista, pero esta anécdota
escondería una actitud que vale la pena analizar.
¿Qué
sucede en la cabeza de estos primíparos al entrar a la U? ¿Por qué sus deseos
creativos se van refrenando al contacto del sistema educativo? ¿Será que los
profes de veras le cortan a uno por completo las alas? Tal vez sí, tal vez no.
Yo creería, sin embargo, que una razón es la apertura de nuestros horizontes de
conocimiento. A muchos nos ha sucedido que nos acostumbramos a las alabanzas de
nuestros pequeños círculos sociales, por nuestro “gran talento y conocimiento”. Luego entramos a la universidad y ahí todo se
complica. Porque queriéndolo o no, nos damos de frente con una dimensión del
Arte mucho más amplia: miles de técnicas, grandes maestros, centenares de
corrientes y estilos. Entonces vamos
comprendiendo, angustiados, que quizás nuestras ideas no son tan grandes, que
no son tan originales y que ni son tan ideas.
Pero
pasar de ese choque, en mi opinión perfectamente normal, a la idea determinista
de que nuestras propuestas, talento y esfuerzo son insignificantes, porque “en
el arte ya todo fue inventado”, es una pésima conclusión.
Botticelli,
Magritte y Man Ray se parecen, con todo y sus 5 siglos de diferencia. Cuando observamos
a estos artistas del Renacimiento y del surrealismo respectivamente, uno reconoce
su “genialidad”; pero también su momento histórico, sus condiciones sociales y
el ambiente en que se formaron. Y además, que si bien algunos nacieron con
aptitudes para ejercer sus oficios con excelencia, ninguno se dejó caer en las
tumbas de la gloria, ni dejó de esforzarse día tras día. Yo me pregunto de qué
sirve un inmenso talento innato sin un medio adecuado que lo encauce y
potencie. ¿De qué sirve una excelente pintura pero estancada en su pote; un pincel
perezosamente alejado de la tela, y un pintor engreído y adormilado? Siento que
sólo el talento no basta, que como dicen: “hay que leer”. Y camellar, camellar
mucho diariamente.
La
desilusión de los primíparos no me es ajena, la entiendo muy bien. Estudiando
los grandes fenómenos del arte, uno creería que no hay ninguna novedad en lo
propio, que no vale la pena insistir… ¡Por favor, pensemos mejor! La Historia
nos ha demostrado cómo los buenos artistas han florecido con el tiempo, el
estudio, las buenas compañías y la práctica. En serio, ¿qué nos impide a
nosotros serlo? ¿Tan poca confianza tenemos en nosotros mismos?
Como
principiantes en general pecamos mucho por inexperiencia. En 5 semestres, ¡tan
sólo 5 semestres!, sería absolutamente arrogante tomarse por el non plus ultra del arte, la vanguardia
encarnada. Aún falta recorrido, conocer los modelos de maestría, forjarnos una
identidad (y no sólo hablo de la artística). Aún falta salir del cascarón. Pero
tampoco va para nada bien dar por sentado en ese mismo tiempo, que nuestra
potencialidad está marchita o que nuestra creatividad es un cero a la
izquierda. Es una cuestión de creer. Porque yo, así como vos, creo de crear y
creo de creer.


