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AÑOS DE JUVENTUD
¿No se han preguntado
cómo ciertos viejitos bonachones sonríen más que una quinceañera y andan con más
energía que los conejitos de Duracell? Y es que ciertos tíos, abuelos o papás,
cincuentones, sesentones, setentones, cumplen a las mil maravillas la expresión
“todos tenemos un niño en nuestro
interior”. Con todo y sus barbas y canas, sus cerveceras barrigas y pieles
honestamente envejecidas. Pero los he visto: como bailarines incansables de la
vida, repletos de jolgorio, de chiste, de alegría juvenil. ¿Cómo mantuvieron el color de sus tiempos
mozos, el espíritu del juego, de la risa y la confianza descomplicada? Todas
éstas, a mi parecer, características esenciales del ser joven.
La idea de la
juventud, tan apreciada en estas sociedades consumistas de placer, se
enriquecería muchísimo si pensáramos que va más allá del cuerpo. Por varias
décadas el mercado se ha encargado eficientemente de ofrecernos juventud en recetas, cápsulas, operaciones,
revistas… No ha logrado convertirla en una aplicación de Iphone ni en la
siempre añorada crema de Photoshop, pero ha sido eficaz en lograr que muchos
asumamos, con cierto facilismo, infinita cantidad de propuestas materiales para
pretender ser siempre jóvenes.
Doble
error:
Obsesionarnos
con un deseo que desafía la naturaleza de la vida
y reducir
la juventud a un asunto corporal.
Pues por mucho que lo
temamos, llegará el momento en que la ropa no nos ajustará; nuestros músculos revolotearán
flácidos y nuestra piel se plegará inevitablemente sobre el rostro. Con el
tiempo no veremos tan bien, no aguantaremos el mismo ritmo fiestero del pasado
y hasta el sexo tendrá desazones inesperadas. Llegarán también deudas por
pagar, una familia que mantener, negocios donde nos tumbarán, acuerdos y
amistades que serán traicionados (y traicioneros), y nuestros padres sólo serán
un bello recuerdo para nuestros hijos.
Aceptando entonces
que tendremos que cambiar radicalmente nuestras rutinas, y que nuestro cuerpo
cederá de una u otra forma a los desgastes del tiempo, ¿no sería bueno creer
que la fuente de la eterna juventud yace en nuestro interior? ¿Que beber de
ella no es sino pensar y actuar de un cierto modo, y dejar de lado los afanes y
artificios de nuestra sociedad, que iguala estrictamente belleza y placer con
juventud?
Creo que un elemento
importante es la forma en que se toma la vida. Podremos estar endeudados,
gordos, feos y canosos, pero nada nos arrebatará el derecho a sonreír frente a los
malestares, o el derecho a seguir gozando de cada instante “insignificante”. Y
será una decisión personal continuar siendo curiosos, no perder la eterna
sorpresa o colorear con nuestra creatividad el día a día. Por mi parte yo
querré seguir jugando, con todo y mi vejez, jugando y burlándome hasta de mi
propia cara arrugada. Mucho más nos envejecería una existencia llena de
amargura, decepción y dejadez, sin actividades o proyectos, sosa y aburrida.
Afortunadamente todo
lo anterior mi padre no ha dejado de demostrármelo. No se cansó de inventarme
disfraces estando yo pequeño, no se ha aburrido de hacerme bromas ni de
prestarse para todo tipo de jugarretas; no deja de creer que está siempre “tan
joven y bonito”, y sus energías en efecto, le desbordan. Hasta el infinito y
más allá. Y si esto que he dicho tiene algo de verdad, tal vez algún día, como
él, por decisión propia mis 20 años se extenderán hasta los 56.
P.D: Y si de actitud se trata la cosa, les comparto un video 1-A para que no dejemos de vivir plenamente vitales:

